Dalmau: “Saber que tengo la posibilidad de atender a pacientes es algo que me motiva profundamente como investigador”
El neurooncólogo y experto en encefalitis autoinmunes Josep Dalmau, líder de grupo en el CaixaResearch Institute y en el IDIBAPS, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Investigación en Medicina y Ciencias de la Salud 2025.
El neurooncólogo Josep Dalmau, group leader en el CaixaResearch Institute y referente internacional en el estudio de las encefalitis autoinmunes, ha dedicado su carrera a entender cómo el sistema inmunitario puede atacar al cerebro y a transformar ese conocimiento en avances que han cambiado la práctica clínica. Su trabajo pionero le ha valido el Premio Nacional de Investigación 2025 en el área de Medicina y Ciencias de la Salud, otorgado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Charlamos con él sobre su trayectoria y el significado de este reconocimiento.
PREGUNTA: ¿Qué significa para usted recibir este premio?
RESPUESTA: Obviamente, es un gran honor. Sinceramente, no me lo esperaba y cuando me lo comunicaron me llevé una gran sorpresa. Siempre me gusta ver quiénes han sido los premiados en ediciones anteriores, porque creo que es una buena manera de apreciar la importancia del premio. Para mí es un verdadero honor compartir lista con las personas que lo han recibido antes.
P: El jurado ha destacado la originalidad de su investigación que combina neurología, oncología e inmunología. ¿Cómo surgió en su momento la idea de combinar estas tres áreas de conocimiento?
R: Esto empezó cuando era muy joven. La oncología siempre me ha interesado mucho, de hecho, estuve tentado a escogerla en lugar de la neurología. Finalmente, opté por esta última y me formé aquí, en Barcelona. Sin embargo, durante la residencia tuve la oportunidad de implicarme en casos de pacientes con cáncer que presentaban problemas neurológicos, lo que reavivó y fortaleció mi interés por ambas áreas. Esto me llevó a ir a Estados Unidos para formarme como neurooncólogo. Fui a Nueva York para trabajar en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Centre con Jerome B. Posner, considerado el padre de la neurooncología, quien en ese momento estaba estudiando las complicaciones neuroinmunológicas en pacientes con cáncer. Así fue como surgió la combinación de neurología, oncología e inmunología, allá por 1988.
P: El jurado ha resaltado también el papel transformador de su investigación “en la práctica clínica” ¿Podría explicarnos de qué manera su trabajo ha cambiado la forma de abordar las enfermedades neurológicas?
R: Estudiar estas enfermedades asociadas a cáncer nos llevó a identificar toda una nueva categoría de patologías, desconocidas hasta entonces, que están mediadas por anticuerpos dirigidos contra proteínas cerebrales. En ese momento me encontraba en Filadelfia, en la Universidad de Pensilvania. Allí, nuestro laboratorio descubrió una enfermedad que hoy es la más conocida de este grupo: la encefalitis por anticuerpos contra el receptor NMDA. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que esto era solo la punta del iceberg.
P: ¿Descubristeis a partir de ahí más enfermedades parecidas?
R: Sí, había muchas otras patologías similares que, por desconocimiento, a veces se atribuían a infecciones víricas —aunque no se encontrara ningún virus—, a un posible cáncer —aunque no siempre se identificaba—, o se consideraban idiopáticas, es decir, de causa desconocida. Por entonces, nadie sospechaba que todas ellas —hoy sabemos que son al menos 18— pudieran tener un origen inmunitario.
Además, desarrollamos pruebas diagnósticas en sangre y en líquido cefalorraquídeo, que hoy se emplean en todo el mundo. Creo que ahí radica el verdadero impacto de nuestro trabajo: en identificar un nuevo grupo de enfermedades y poner a punto las pruebas diagnósticas que permiten detectarlas.
P: Su grupo de investigación trabaja con múltiples enfoques, que abarcan desde la investigación básica hasta una vertiente más clínica. ¿Qué valor añadido supone integrar la investigación con la clínica?
R: Puede ocurrir, por ejemplo, que llegue un paciente con una enfermedad desconocida, le atiendan los compañeros de neurología y —si lo consideran necesario— me llamen para consultar el caso, o incluso pueda acercarme a verlo personalmente. A veces los síntomas apuntan a una enfermedad conocida, pero otras veces no, y es entonces cuando realmente comienza nuestra labor de investigación en el laboratorio. Así podemos pasar directamente de la clínica a la investigación.
P: Imagino que es muy motivador saber que su investigación puede ayudar a los pacientes.
R: Sí, para mí es fundamental trabajar manteniendo ambos enfoques; de hecho, siempre los he combinado y no sabría hacerlo de otra manera. Desde mi oficina puedo ver el hospital, y saber que tengo la posibilidad de atender a pacientes es algo que me motiva profundamente en mi trabajo.
A partir de un pequeño grupo de pacientes con síntomas inusuales y difíciles de interpretar, pudimos identificar una enfermedad desconocida y desarrollar una prueba diagnóstica que permitiera reconocer casos similares con mayor rapidez y precisión. Esta posibilidad de conectar la clínica y la investigación es algo que encuentro fascinante y es lo que siempre me ha mantenido en este campo traslacional.
P: ¿Qué avances y desafíos existen hoy en día en el tratamiento de las encefalitis autoinmunes?
R: Muchos de los tratamientos ya existen y son accesibles en la actualidad, pero el descubrimiento relativamente reciente de estas enfermedades ha hecho que aún no se hayan realizado ensayos clínicos formales con muchos de ellos. En numerosas encefalitis autoinmunes, los tratamientos se centran en eliminar temporalmente los linfocitos B. Creo que este enfoque se establecerá como un tratamiento relativamente estándar, ya que existe bastante experiencia clínica, pero es necesario demostrar su eficacia de manera clara y rigurosa a través de ensayos clínicos.
P: ¿Existen otras opciones de tratamiento?
R: Sí, actualmente se están explorando otras estrategias terapéuticas que actúan sobre moléculas reguladoras del sistema inmunitario con el fin de suprimir la autoinmunidad. Además, está surgiendo una opción innovadora que es el uso de células CAR-T. Estas normalmente se han utilizado en el contexto oncológico y ahora se está explorando su potencial en el ámbito de la autoinmunidad; de hecho, aquí ya hemos tratado a un paciente con esta terapia. Las CAR-T pueden eliminar las células del organismo que, en ciertas circunstancias, se descontrolan y empiezan a producir anticuerpos contra el sistema nervioso. Aunque ya existen publicaciones sobre estos casos, por ahora se trata solo de pacientes aislados y, al igual que con las demás estrategias, será fundamental estudiarlas con detalle y validarlas mediante ensayos clínicos.
P: Tras haber vivido y trabajado muchos años en Estados Unidos, ¿cómo ve el futuro de la investigación médica en España?
R: Realmente, en ambos países existen aspectos positivos y negativos. En Estados Unidos se realiza investigación básica y traslacional de muy alta calidad; sin embargo, desde el punto de vista asistencial y clínico, el sistema presenta importantes carencias. Hay personas que no pueden asumir los costes de los tratamientos o que llegan a vender su casa para poder afrontar los gastos médicos; y esto no es un tópico, es algo que sucede con frecuencia. Afortunadamente, en España esta situación no se da, pero, por otro lado, las ayudas a la investigación aquí dejan bastante que desear.
P: ¿A qué atribuye esta falta de apoyo?
R: España es un país que, en mi opinión, nunca ha demostrado un interés por la investigación comparable al de otros países. Creo que debería hacerse un mayor esfuerzo para impulsar toda la investigación científica en general, y especialmente en neurociencia, dada la importancia que tendrán enfermedades como el Alzheimer y otras patologías degenerativas en una población cada vez más envejecida. Muchas veces se confía en que la financiación europea resolverá estas carencias, pero es fundamental que España también incremente su apoyo propio a la investigación. En otros países, como Francia, existen becas estatales mucho más generosas que las que se ofrecen aquí. Por supuesto, los proyectos e inversiones europeas deben continuar y crecer, pero es imprescindible que el apoyo nacional también aumente.
P: En este contexto, ¿qué papel cree que puede desempeñar el CaixaResearch Institute en el panorama de la investigación científica en España?
R: Creo que el CaixaResearch Institute tendrá un impacto muy significativo. Será un centro que acogerá a un número considerable de investigadores principales, tanto de nuestro país como del extranjero, que llegarán con sus equipos y se ampliarán con el tiempo. Esto convertirá al CaixaResearch Institute en un centro de referencia en España dedicado a la investigación inmunológica en todas sus vertientes. En conjunto, creo que va a convertirse en un espacio clave para el avance de la investigación biomédica en nuestro país.
P: ¿Qué consejos daría a los jóvenes investigadores que están comenzando su carrera en el ámbito de la biomedicina?
R: Personalmente, siempre me ha guiado el interés por aquello que realmente me apasiona, a veces incluso con decisiones algo impulsivas. Creo que lo más importante es que se dediquen a lo que les guste, no necesariamente a lo que resulta más fácil, más rentable o permite publicar más rápido. Mi consejo principal es que, si en un lugar no pueden hacer lo que desean, busquen otro sitio, incluso otro país si es necesario. Si quieren desarrollar una línea de investigación, que luchen por ello y no se conformen. En definitiva, les recomendaría que sigan siempre aquello que realmente les apasione.
